martes, 6 de mayo de 2014

De vuelta a casa. Entrada final.

¡Hola, lectoras y lectores! Aquí estoy para contaros los últimos días que pasé en Rennes y mi vuelta a casa (¡sí, ya estoy en España!).

Como sabéis, hace justo una semana que fui al “museo de arte contemporáneo”. Pues el miércoles estuve todo el día en mi habitación metiendo todas mis cosas en cajas y maletas para ir limpiando todo. Por la noche había organizado una pequeña cena de despedida en Casa Pépé (ya podían hacerme un descuento por la publicidad que les hago lol). Éramos 7, básicamente mis amigos más cercanos, ya que no quería una súper cena de 15 personas o cosas por el estilo (aunque faltaban Marta y Mariadel).

Comí una vez más (y ya la última) mi maravillosa pizza formaggio y pasamos un buen rato todos juntos. Después fuimos a la Rue de la Soif  a un pub y nos quedamos por allí hasta volver a la residencia.

El jueves por la tarde llegaban mi padre y mi hermana, que me fueron a buscar en coche para meter todo lo que había acumulado en la habitación durante estos 8 últimos meses de mi vida. Esa mañana me levanté temprano para seguir ordenando y limpiando, y también para pedirle a la gente que me firmara mi bandera gigante de Bretaña y despedirme de ellos por tiempo indefinido (nunca se sabe cuándo nos volveremos a ver).

Mi familia llegó antes de lo previsto, así que me ayudaron a acabar de limpiar y meter todo en el coche. Cuando acabamos fuimos al centre-ville para enseñarles un poco la ciudad. Fui al Parc du Thabor por última vez antes de irme :’( y después los llevé a cenar al famoso ya Casa Pépé (ya que les había hablado tanto del restaurante querían probarlo). Esa última vez no me sentía con fuerzas para tomar una pizza entera, así que pedí un plato de pasta, et voilà!:

 
Penne alla bolognese.

Después fuimos a dormir al hotel, que ¡wow, menudo hotel! ¡Adoré la decoración!

El viernes por la mañana tenía el état de lieu a las 9h (es cuando la señora de la limpieza hace el inventario y ve el estado de la habitación y cuando también se le entrega la llave). Como la señora llegó antes también acabamos antes, así que comenzamos la vuelta a Galicia.

El viaje se me pasó rapidísimo a pesar de que la música era lo peor (asco de radios francesas). Al llegar a la frontera tuvimos suerte porque no nos pararon; si llegan a hacerlo y nos mandan sacar todo del coche para luego volver a meterlo iba a ser maravilloso vamos… Ya en el País Vasco me llamó mucho la atención y me encantó el contraste de los diferentes tonos de verde en una misma montaña por los distintos tipos de árboles que había. ¡Era increíble cómo en medio de zonas verde oscuro había otras verde muy vivo!

A lo largo del viaje paramos unas cuantas veces más para estirarnos y por fin llegamos a mi querida terra nai. Y a casa sobre las 22h30. La sensación que da es de no creértelo. Piensas “¿en serio estoy ya de vuelta? Ha pasado rápido” y no te lo crees porque te da la sensación de que aún no has acabado y tendrás que volver en unos días, igual que me pasó en Navidades. Llevo 4 días aquí ya y todavía sigo sin asimilarlo; será cuestión de tiempo que se vaya esa sensación. Ah, y también la de sentirte extraña cuando oyes hablar español a tu alrededor y no francés. Y también el estar a punto de decirle “bonjour” a la dependienta cuando vas a pagar cualquier cosa (como me pasó a mí ayer).

Haciendo un balance general, el Erasmus ha sido una gran experiencia en la que he aprendido un montón de cosas, y me alegro de haber ido a Rennes al final, porque sino nunca hubiera conocido a toda esa gente maravillosa. Es algo que forma ya parte de mí y que no cambiaría por nada del mundo. Como siempre, ha habido buenos y no tan buenos momentos (sobre todo al principio), pero todo se supera si se le planta cara y con el apoyo de la gente y de tu familia.

Ahora esto se ha acabado, pero me llevo miles de recuerdos de todo lo que he vivido estos últimos meses y de innumerables momentos de risa con tantas personas. GRACIAS A TODOS por haber hecho de esto una aventura irrepetible.

Apenas se ven las firmas porque están hechas con un boli normal :(

Y aunque sea irónico, no tengo la firma de ningún francés.

De cuando se me olvidó la bandera en casa el día de la cena y me dedicaron un trozo del mantel de Casa Pépé ♥

¿Planes de futuro/verano? ¡Por supuesto!
Estrenar y ponerme en serio con mi próximo blog, ¡que ya tiene nombre: “Une petite partie de ma vie”!
Espero poder estrenarlo mañana aunque no esté completo; se irá llenando de cosas según vaya subiendo entradas, y tendrá una novedad: será bilingüe en español e inglés, para que lo pueda entender más gente.
Además este verano seguiré aprendiendo y mejorando idiomas, una de mis grandes pasiones, ¡y muchas cosas más que tengo en mente!



Pues aquí llega el final y la despedida. Os doy una vez más las gracias a todos y todas las que habéis seguido, apoyado y comentado mi blog, porque sin vosotros esto nunca hubiera podido seguir adelante y porque ha significado mucho para mí ver vuestro interés entrada tras entrada. ¡¡SOIS INCREÍBLES, GRACIAS!! ¡Nos vemos mañana en Une petite partie de ma vie!

sábado, 3 de mayo de 2014

40 m cube, art contemporain.

¡Hola a todos! Quería hacer esta pequeña entrada para contaros que el pasado martes fuimos al 40 m cube, el “museo” de arte contemporáneo de Rennes. A mí me pintaba muy bien y desde que descubrí su existencia estaba deseando visitarlo. Ya sabéis, ¡me encanta el arte!

Así que justo el día antes, viendo los horarios en la página web, leí que había que reservar (cosa que me pareció muy rara), así que mandé un correo electrónico preguntando si podríamos ir al día siguiente. La mañana del martes vi el correo cuando me levanté para ver si habían contestado; me habían dicho que podríamos ir perfectamente, así que pensé “¡menos mal!”.

Cuando llegamos al museo vimos que no teníamos ni idea de por dónde era la exposición. Por suerte había unas oficinas a la vista y preguntamos allí. Nos enviaron a una sala no muy grande con las paredes completamente blancas, en la que había tres esculturas, una fuente del mismo estilo que ellas, tres paneles que parecían de algún tipo de plástico colgados del techo y que llegaban hasta el suelo (y en los que aparecían cosas aleatorias que posiblemente para el autor sí tuvieran sentido) y en una pared  una hilera de cabezas de madera con pañuelos y fulares alrededor (como si fueran maniquíes). Esas 5 cabezas que había fueron lo único que me gustó, y más bien por los pañuelos hahaha.

Las esculturas no tenían formas que se pudieran identificar con algo o que lo representaran; eran totalmente abstractas. Estaban hechas con una estructura de metal que luego cubrieron con papel, pintura y alguna cosa más de la que no me acuerdo ahora (vamos, que era papel maché, algo que yo también sé hacer). Supuestamente representaban la erosión en la corteza de los árboles, aunque para mí (y para Yomaira, Joana y Ana) no tenían sentido.

Los paneles eran verticales, y en uno de ellos, por ejemplo, había la silueta de una palmera que limitaba con un trozo verde que parecía ser hierba. Debajo otro trozo que parecían ser las plumas de algún pájaro exótico. De eso sacamos dos conclusiones: La primera, los tres elementos juntos tenían la forma de una zanahoria (la palmera siendo las hojas que después se quitan). La segunda, que todo eso podría representar América del Sur por su forma, y cada una de las tres partes representaría 3 cosas diferentes de allí: la palmera sería el calor y lo tropical, la hierba podría ser la selva amazónica y las plumas su fauna.
Y creedme, esta es la única lámina de la que pudimos (quizás) llegar a entender algo.

Lo que me llegó a molestar es que los encargados del museo estuvieran allí observándonos mientras recorríamos la sala; si hay algo que me gusta de los museos es la sensación de libertad, de poder andar a tu bola viendo las cosas en el orden que quieras, yendo de un lado a otro y volviendo atrás las veces que haga falta. Debe de ser que no tienen muchos visitantes y se aburren, y lo único que pueden hacer es observar a la gente. Yo me sentía incómoda y no me gustaba no poder moverme como yo quería.

Y sí, solo había esa sala, que básicamente se veía en 15 minutos como mucho. Al acabar nos dijeron que podíamos ir a la Black Room (una black room es una habitación a oscuras en la que se proyecta un corto; como un cine en pequeño). Lo que era la película que emitían duraba 9 minutos. Fuimos y nos sentamos.

Imágenes de dólmenes y menhires sin ningún otro sonido que un pitido algo molesto. De repente un sonido que parecía una nota de órgano que se prolongaba varios segundos y que resultaba algo tenebroso. Cambia a una imagen en la que hay dos huevos normales y corrientes que están pintados. Pasan unos segundos con la misma imagen. Ahora aparece el dolmen con un cuadrado rojo de cerámica. Pasan los segundos con la misma imagen. Vuelve a la imagen de los menhires pero se va moviendo mientras vuelve a aparecer el sonido tenebroso. Sigue grabando los menhires sin que pase absolutamente nada más. Luego vuelve el pitido y se ve uno de los huevos roto sujeto por la mano de alguien. De nuevo al dolmen. De nuevo los menhires y el sonido. De nuevo los huevos, esta vez se ven las palmas de las manos con restos de cáscara pintada. De nuevo el dolmen…

Os está aburriendo, ¿verdad? Normal, si es que, con todo el respeto, no había quien se lo tragara. No pasaba absolutamente nada, simplemente eran menhires, dólmenes y huevos. Podríamos pensar que cuando aparece el sonido va a pasar algo interesante, pero no, todo es igual de aburrido. No sé qué relación le ha visto la autora a todo esto, pero yo no lo entendí.

Lo más cutre (por decirlo de alguna forma) es que la segunda parte del vídeo era exactamente lo mismo pero invirtiendo la imagen de izquierda a derecha. Como dijo Joana “ya vemos que sabe utilizar el Windows Movie Maker”. Pues Joana tiene razón hahaha.

Por curiosidad cuando lo acabamos fui a ver el cartel explicativo, para ver si es que yo era corta y no entendía algo que podría ser evidente para la autora o si es que en realidad no tenía sentido. En el cartel decía que era de “interpretación libre”. Digamos que no lo entendía ni la propia autora.

 Cuando acabamos de ver lo poco que había nos fuimos, yo bastante decepcionada porque no me esperaba eso. He de decir que las piezas de arte contemporáneo del Musée de Beaux Arts de Rennes fueron mucho mejores que en el 40 m cube. Esto era bastante ridículo y parecía que nos estaban tomando el pelo.

Definitivamente a ninguna nos gustó. No merece la pena gastar el tiempo en eso. ¡Nos vemos en la próxima entrada y gracias por leerme!

martes, 29 de abril de 2014

Dinan con sorpresa inesperada.

¡Hola, lectores! Aquí estoy de nuevo con otra entrada sobre pequeños viajes, esta vez se trata de nuestra journée en Dinan. Fue un viaje corto pero intenso, completamente a la aventura, ya que no habíamos visto ni siquiera qué visitar en el pueblo, y también marcado un poco por el frío.

Cuando Ana me propuso ir no dudé en aceptar, aún teniendo miles de cosas por hacer y solucionar antes de volver a España, porque quería volver a ver el sitio (había ido ya hace casi 5 años y me encantó).

Así que vimos en cuánto salían los covoiturage y nos dispusimos a reservar las plazas. El primer problema que nos encontramos fue que la web no daba la opción de reservar igual que siempre, sino que aparecía un mensaje de “contacta con el conductor”. Ana le envió a la chica un mensaje y tardó bastante en respondernos. Después le mandó otro porque la web seguía sin dejar reservar (luego descubrí que era porque faltaban pocos días para el de partida; si lo reservas con más antelación el mensaje sale normal), y la chica no nos contestaba y no teníamos tampoco su número de teléfono (los mensajes se los habíamos mandado a su cuenta de blablacar).

Al final fuimos en bus porque a la chica esta se le ocurrió la genial idea de contestar 10 minutos antes de las 9, que era la hora a la que salía de Rennes. Justo en ese momento nosotras estábamos ya entrando en el bus. Chiquilla, ¡hay que tener un mínimo de responsabilidad! ¡Te acordaras antes!

Llegamos à peu près en una hora a Dinan. Fuimos directas a la Oficina de Turismo a coger un mapa (este es el primer paso que debéis hacer cuando visitáis una ciudad que no conocéis para no perder tiempo tontamente) y seguimos la ruta que indicaba para ver los lugares de interés. Como habíamos visto al pasar con el bus que había un montón de gente apiñada en una pequeña plaza fuimos a descubrir el porqué.

Lo flipamos un rato cuando vimos que eran los de France 3, un canal de televisión francés, y que estaban arreglando los últimos detalles para emitir un programa EN DIRECTO desde Dinan. No podíamos creer que fuéramos parte del público de un programa para la tele. Este programa se llama Midi en France, y está presentado por Laurent Boyer, un presentador de radio y televisión francés que tenía un silbato en la mano y no dejaba de rompernos los tímpanos con él. Por lo que vi parece todo un personaje, y creo que es bastante conocido por estos lares.

El programa es diario, comenzó a emitirse en 2011 y, según Wikipédia, tiene dos partes: una más pedagógica (no sé qué harán en ella), y la otra más amena, en la que hacen una especie de reportaje sobre la ciudad/pueblo en el que están haciendo el programa.

Nosotras llegamos cuando estaban probando los micrófonos mientras Boyer cantaba con ellos (lo dicho, un personaje), y también retocando los maquillajes y el peinado (que con tanto toqueteo iba a acabar mal). El asistente hablaba con el público, o sea, con los que estábamos allí, diciéndonos que aplaudiéramos cuando nos lo dijeran y cuando empezara el directo, y diciéndonos que apagáramos los móviles y cámaras, ya que no se podían sacar fotos.

Ana y yo seguíamos sin creerlo. ¿¡Quién nos iba a decir que íbamos a tener una oportunidad así en el Erasmus!? Sentimos la emoción cuando los asistentes dijeron 30 segundos, ¡y además nos dieron una chapa!



Una vez que empezó a presentar, dijo que esa misma noche estaría en Rennes en L’Espace, la discoteca de la que os había hablado en una de mis entradas anteriores. Gran LOL, señoras y señores. Aquí os dejo las fotos del "plató móvil".


Ahí tenéis a Laurent Boyer en acción.

Y esto viene siendo el plató/escenario del programa.

                    Bien, después de semejante sorpresa, pasemos a nuestra breve visita. Como ya dije, seguimos una de las dos rutas que se indicaban en el mapa. Absolutamente todas las calles eran bonitas, con las características casitas de madera de aquí. Lo primero con lo que nos encontramos fue la Tour de l’Horloge.




Seguimos caminando y vimos que había una exposición de arte. Como la entrada era gratis decidimos entrar y echar un vistazo. Duda existencial: ¿por qué el arte es tan caro? Vimos un cuadro absolutamente precioso, en él representados los tejados y las casas de una pequeña ciudad, en color blanco y diferentes tonos de azul y naranja, con algunas líneas marrones para los contornos. Bastante lineal, con muchos ángulos rectos pero sin llegar al extremo. 500€. Lloro.

Después volvimos a la ruta y entramos en la Iglesia Saint-Malo, que tenía unas vidrieras increíbles. He de decir que todas las vidrieras me dejan siempre asombrada, sobre todo en las que predomina el color azul, porque es mi favorito y porque el color de la luz hace que parezca venir realmente del paraíso o del cielo o llámale X, y al mismo tiempo desprenden un halo de misterio.


Estas son mis favoritas.

La iglesia por fuera.

            Al acabar continuamos y llegamos a una muralla con vistas al pueblo. Aquí tenéis unas cuantas fotos.





Continuamos obedientemente la ruta y llegamos a otra iglesia, la Basílica Saint-Sauveur. La rodeamos y fuimos a la parte trasera, porque había un jardín (el Jardín Inglés). En ese momento algo hizo clic en mi cabeza y supe exactamente dónde estaba: a punto de ver la carretera y el puerto si atravesaba el jardín. Me inundó esa sensación que no se puede explicar de cuando vuelves a estar en un sitio que no creías volver a ver nunca más, y me volvió a impresionar. Aquí lo tenéis:

Mi foto de hace casi 5 años.

Mi foto de ayer.

Y aquí tenéis la parte trasera de la basílica con el jardín que, por cierto, está hecho sobre un antiguo cementerio. Es preciosa.


Adoro esta foto.

Después de acabar la visita por el centro del pueblo hicimos el recorrido externo (no sin antes dar unas cuantas vueltas más por las calles interiores). En la ruta de fuera está el castillo, que ahora es museo. La entrada para estudiantes vale 1€90, pero no entramos porque preferíamos ver la ciudad en sí. Dando la vuelta llegamos de nuevo al Jardín Inglés y nos volvimos a asomar *___*




Ya para acabar la visita escogimos calles aleatorias por las que no habíamos pasado, y en la que lleva al centro vimos estos saxofones tan graciosos.



Luego nos fuimos a sentar por cualquier lado en el que diera el sol a esperar al covoiturage que nos llevaría de vuelta a Rennes (este sí nos hizo caso). Llegamos bastante rápido, así que cogimos el metro y a nuestras habitaciones de nuevo, alias nuestras cuevas.


Y este creo que sí ha sido mi último viaje durante el Erasmus. Un bonito broche final. Nada más que añadir sobre él, pero sí me gustaría deciros que esto está a punto de acabarse y como consecuencia también el blog, ya que lo he creado solo para temas relacionados con mi experiencia aquí. ¡Pero seguiré escribiendo! Ya tengo un nuevo blog en proceso de creación que se irá completando a medida que vaya subiendo cosas a él. Los temas serán variados: moda, makeup, fotografía (quiero y espero), más viajes (si cae alguno) y todos los planes que me vayan surgiendo. Lo estrenaré el próximo mes, cuando vuelva a España, ¡así que allí os espero! Os daré algún detalle más en las próximas entradas.

Esta aún no es una despedida, ¡espero subir alguna cosilla más por aquí antes de darlo por terminado! De nuevo gracias por seguirme y leerme, ¡nos vemos en el próximo post!

sábado, 26 de abril de 2014

Viajes relámpago II: Bordeaux.

¡Hola! Aquí llega la segunda parte de nuestro pequeño viaje. Si os ha gustado mi entrada anterior tenéis que quedaros a leer esta, porque también vimos muchas cosas bonitas en Burdeos. ¡Empezamos!

El jueves nos levantamos tempranito para tomar un buen desayuno y reponer fuerzas para el día (agotador, como siempre) que nos esperaba. Como comenté en el post anterior, el desayuno no iba incluido, por lo que pagamos un suplemento que no estaba mal de precio. El desayuno era tipo buffet, así que cogimos todo lo que se nos antojaba y repitiendo varias veces (adoro los desayunos de hotel). La primera ronda fue esta:



Después cogí más bollitos, bizcocho, Nutella y muuucho más zumo. El café estaba bueno de sabor, aunque demasiado aguado para mi gusto; preferiría que lo rebajaran menos y tomar dos cafés.

Sobre las 9h salimos del hotel porque a las 10h10 nos recogía nuestro Mercedes (sí, somos unas reinas y fuimos hasta Bordeaux en Mercedes con el covoiturage). Al final llegamos antes de lo que nos esperábamos, así que estuvimos sentadas al solecito mañanero un rato para no morir de frío. Cuando cogí el móvil vi que el señor del covoiturage me había llamado y dejado un mensaje de voz. Resulta que él y la otra chica que reservó plaza ya habían llegado. Anduvimos lo más rápido posible para no hacerlos esperar más y pusimos rumbo a Bordeaux. Nada más sentarme en el coche noté lo cómodos que eran los asientos. Pensé “hemos elegido bien”. Los dos eran súper agradables y majos. Les gustaba hablar, algo que se agradece de vez en cuando, ya que parece que en general a los franceses no les “gustan” los extranjeros.

Yomaira sacaba de vez en cuando algún tema de conversación para practicar el francés. Le preguntó al señor si le gustaba viajar y en dónde había estado (mítico tema de conversación que a mí me encanta). El hombre dijo que no había viajado mucho, con tanta modestia que me lo creí, hasta que empezó a nombrar países: Marruecos, España, Suiza, la Guyana francesa, Alemania, Polonia, México, Sri Lanka y la selva amazónica. ¡TOMA YA!

Cabe destacar que lo decía sin presumir, o eso a mí me parecía, y también nos dijo que era motero y que Alemania y Polonia los recorrió en moto. ¡Y también cabe destacar que nos ofreció galletas y bebida! Por todo eso Yomaira y yo lo empezamos a admirar casi al instante, y nos preguntamos a la vez si su mujer sería una de esas señoras finas y elegantes.

En fin, que el viaje se nos pasó rapidísimo, y según íbamos bajando por Francia notábamos ya ese calor que nos recordaba al verano. Lo primero que vimos en Bordeaux fue la Gare, que por cierto, era preciosa por fuera. Al lado había una parada de tram, así que nos compramos un ticket de un día (4€30 esta vez).

Ticket de 1 día.


Después, como faltaba media hora para nuestra entrada en el hotel, decidimos ir directamente allí y así luego ver toda la ciudad con calma. Bien, pues si nos costó la vida dar con el de Nantes, de este mejor no hablamos. Aquí abajo (ya que no puse el de Nantes) os dejo el plano de las líneas del tram de Burdeos.



Vale, pues os explico: nosotras estábamos en la parada de la Gare (está en la línea C, la verde; la cuarta parada empezando por abajo). Para llegar al hotel teníamos que coger el tram con dirección Les Aubiers, bajarnos en Porte de Bourgogne y ahí coger la línea A (o sea, la azul) con dirección Mérignac Centre. Esa primera vez llegamos hasta el final de la línea A, porque como en la dirección del hotel ponía Mérignac supusimos que sería por allí cerca. ERROR 404 NOT FOUND.

Preguntamos en una tienda y como no sabían nos mandaron a la gendarmerie, o sea, la policía. Allí también se volvieron un poco locos para indicarnos cómo llegar y nos dieron un montón de indicaciones sobre el bus que había que coger y las calles. También nos dijeron que justo al lado del tram había una parada de bus y que fuéramos a ella para preguntarle al conductor mejor. Estuvimos entre 10 y 15 minutos esperando y como no aparecía ningún autobús hicimos lo que nos salió del piripi.

Como la calle estaba al sur de donde nos encontrábamos, decidimos retroceder un poco para ver si había otras paradas o gente a la que preguntarle. No sé cómo encontramos una parada del 30, que era la línea que nos llevaría al hotel. Pero creíamos que nos llevaría en la dirección contraria, y del otro lado de la carretera había obras (¡Malditas obras! ¿Qué pasa? ¿Están en obras por toda Francia o qué?). Preguntamos a una chica y nos dijo que la parada estaba un poco más atrás. Así que al llegar nos dimos cuenta de que estábamos en la anterior parada del tram. El bus justo acababa de llegar, así que fuimos corriendo para no perderlo y nos metimos en él (fijo que el conductor se partía el culo al vernos).

Nos bajamos en la parada que nos dijo y nos indicó otro chico que había un cartel indicando la dirección en la que estaba el maldito hotel. El calor no ayudaba, pero al fin dimos con el hotel. Para esto, señoras y señores, estuvimos desde las 13h30 hasta las 16h.

Nuestra habitación.

Dejamos las cosas que no íbamos a necesitar y nos largamos pitando para aprovechar el día. Por cierto, el hotel era monísimo. Cuando llegamos a la parada se nos ocurrió ver a qué hora acababa la línea de bus: las 20h39. Y tardábamos 50 min. aproximadamente en llegar del hotel al centro y viceversa. Se nos cayó el alma a los pies porque apenas podríamos ver la ciudad, pero metimos el turbo.

Empezamos por la Porte de Bourgogne, porque vimos un arco bonito (sí, nos dimos cuenta más tarde que era esa la Porte de Bourgogne LOL). Después volvimos al tram y fuimos a lo que sería el centro de la ciudad. Teníamos al lado el río. Nos llamó la atención que en la acera había mucha gente y muchos niños correteando por allí. Cruzamos la calle y enseguida entendimos por qué: en el suelo había una especie de “piscina” (más bien charca gigante) que cubría por debajo de los tobillos, el Miroir d’Eau (espejo de agua). Era una pasada. Nos sacamos unas cuantas fotos y después nos metimos por una calle, ahora sí, al verdadero centro.

Porte de Bourgogne.

El Puente de Piedra, que estaba justo enfrente de la Porte de Bourgogne.

Le Miroir d'Eau.


Vimos en el mapa el Grand Théatre, así que fuimos a eso primero. Cuando llegamos a donde se suponía que estaba no sabíamos a ciencia cierta si era aquel o no, porque el edificio era bonito, pero tampoco era nada especial; no impresionaba como pensábamos que iba a hacer, y ni siquiera parecía un teatro.

Seguimos andando y encontramos el Monument aux Girondins, que era increíble. Estuvimos un rato allí “peleándonos” con una pareja de españoles por el sitio para sacar las fotos. Después de eso ya nos volvimos al hotel, no sin antes pasarnos por el Quick para comprar nuestra cena *hamburguesacaaa*.

Le Monument aux Girondins.


Le Monument aux Girondins.

A la mañana siguiente no podíamos levantarnos, básicamente porque no teníamos fuerza de voluntad. Habíamos pensado la noche anterior en madrugar bastante para aprovechar el tiempo que teníamos antes de volver a Rennes (el covoiturage salía a las 14h). Habíamos pensado en despertarnos a las 6h para prepararnos, recoger todo e ir a dejar la llave, pero nos podía el cansancio. Así que al final decidimos levantarnos a las 8h. Cabe decir que hacía un frío horrible cuando nos despertamos, y estábamos tan cansadas que no queríamos irnos de allí. Así que cogimos el edredón, nos tapamos hasta las orejas y dijimos “10 minutitos más” (al final fueron más hahaha).

Nos preparamos con mucha pereza y dijimos adiós al bonito hotel. Y de vuelta al tram eterno. Como no habíamos pedido el suplemento del desayuno (porque eran 9€) buscamos una cafetería que estuviera abierta. Mientras acabábamos encontramos un parque, así que entramos para echarle un vistazo. Luego continuamos buscando la cafetería. Encontramos una a la que no le quedaba ningún bollito o croissant para comer, así que nos tomamos rápido un café (que por cierto, menudo sablazo) y pusimos rumbo a las ruinas del Palais Gallien. Para encontrarlas tardamos más de una hora, básicamente porque no había mucha gente por la calle a quien preguntar. Al fin las encontramos, aquí os dejo la foto:

Ruinas del Palais Gallien.

El otro lado de las ruinas.

Estuvimos un rato por allí y después decidimos continuar con lo que nos faltaba por ver. Íbamos en el tram hacia el centro de la ciudad cuando pasamos por una catedral preciosa, así que decidimos bajarnos para verla mejor, aunque nos quedaba poco tiempo. Era la Cathédrale de Saint André, o más simple, la Catedral de Burdeos. Por fuera era increíble, así que estuvimos un buen rato por allí viéndola e intentando sacar la foto perfecta.

Cathédrale de Saint André.

Cathédrale de Saint André.

Luego nos fuimos a ver la Grosse Cloche (La Gran Campana), que era el antiguo campanario público de la ciudad, y cuando acabamos compramos la comida y nos sentamos en un banco al sol. Después nos volvimos a la Gare de Bordeaux, porque nos recogía allí el chico del covoiturage. El chico era amable y tenía unos increíbles ojos verdes, pero casi muero asada y aburrida en el coche, como ya dije en la entrada anterior. Después de siete interminables horas por fin llegué a Rennes.



Dos cosas que me parecieron “curiosas” son que en el trayecto en el covoiturage de Nantes a Bordeaux (íbamos por autopista) solo se veían coches buenos, tipo Mercedes y BMW, además de un Jaguar negro que me dejó atónita y que luego nos encontramos mucho después en un área de servicio *___*   y no solo en ese trayecto, sino que en Burdeos en general se ve bastante nivel, también vi dos Mustang (ay qué preciosos que eran, ¡no me acordaba ya de lo mucho que me gustan!) y a la vuelta un súper Ferrari, que de hecho cuando lo vi grité ¡¡un Ferrari!! y todos en el coche se empezaron a reír aunque lo intentaban disimular (no pude evitarlo, no se ven todos los días hahaha).

La segunda cosa que me pareció curiosa es que en Bordeaux mucha gente sabe español y hay mucho turismo de españoles; cuando nos veían con el mapa y aunque les preguntáramos todo en francés, casi automáticamente te preguntaban si hablabas español, y al decirles que sí arrancaban a hablarlo. Es cierto que está bastante cerca de España, pero aún así me sorprendió.

Y hasta aquí nuestro viaje relámpago. Espero que os haya gustado este mini tour por las dos ciudades y que os haya ayudado a decidir qué visitar si viajáis a Francia. Muchas gracias de nuevo por leer esta y el resto de entradas que he publicado. ¡Besos!

sábado, 19 de abril de 2014

Viajes relámpago I: Nantes.

¡Hola! Por fin estoy de vuelta por aquí. ¡Ya echaba de menos tener algo interesante que contar! Hoy os traigo el pequeño (pero matón, y nunca mejor dicho) viaje que hemos hecho Yomaira y yo a Nantes y Bordeaux aprovechando que estamos de vacaciones [sí, lo sé, damos asco ;)].

Pues la semana pasada pensamos en hacer algún viajecillo, aunque fuera corto, durante estas pocas semanas que nos quedan aquí. No queríamos gastar mucho y preferíamos ir a alguna ciudad cerca de Rennes. Como aún no habíamos visitado Nantes en condiciones decidimos hacerle una visita y dormir allí una noche. El “medio de transporte” que escogimos para llegar fue el covoiturage  /kovwatyraƷ/.

El covoiturage consiste básicamente en compartir el coche de un particular. La página web covoiturage.fr pertenece a la SNCF, una compañía francesa de trenes, lo que hace que sea más fiable y seguro que otras páginas web que se dedican a lo mismo. Mediante ese sitio, la gente normal y corriente anuncia que va desde X sitio a Y sitio, estableciendo la fecha, la hora y el lugar de salida y llegada. También se fija un precio (para ayudar con los posibles peajes y el combustible), que normalmente suele ser mínimo comparado con lo que podría costar un billete de tren o autobús, por no hablar del avión. La persona que pone el anuncio tiene un perfil en el que puedes ver el modelo de coche que tiene, edad, y algún que otro detalle más si figura en la biografía.

Lo mejor de todo es que así viajar sale muchísimo más rentable, y se llega bastante rápido (a no ser que el conductor haga como el que nos tocó a la vuelta, que se metió desde Bordeaux hasta Nantes por pueblos alejados de la mano de Dios en vez de ir por autopista, y por eso tardamos 7 horas en llegar a Rennes en vez de las poco más de 4 y media que serían lo aproximado).

Cuando reservas tu(s) plaza(s) tienes que dar tu número de tarjeta, y también te llega un código al móvil (también hay que dar el móvil para que el conductor pueda contactar contigo). Ese código también hace el pago y el covoiturage en general más seguros, ya que hay que dárselo al conductor una vez hayas llegado al destino fijado. Cuando él lo introduce en la web es cuando se traspasa el dinero, pero nunca antes.

Este método de viajar y el couchsurfing (con él la gente ofrece su casa para alojar a alguien por una o dos noches gratis) están cogiendo mucha popularidad, y la verdad, a mí me parecen dos formas geniales de viajar y ahorrar al mismo tiempo.


Bien, una vez explicado todo esto os cuento: encontramos un covoiturage que salía a las 7 de la mañana, pero como era un BMW no nos importaba, y así aprovecharíamos más el día. Así, nos plantamos en Nantes en una hora y por poco más de 6€ (cinco del covoiturage en sí y el resto de los “gastos de gestión”). El chico era amable y atento, pero a ninguna nos gustó la música que ponía hahaha. En Nantes nos dejó en una parada del tram. El tram es como un trenecito que va por toda la ciudad, y es soberanamente lento. Tanto en Nantes como en Bordeaux hay tram, y como los dos hoteles nos quedaban en el quinto pino teníamos que recorrernos más de la mitad del trayecto en él; le llamábamos “el tram eterno”.

El tram de Nantes.


Sigamos. Como acabo de decir, el chico nos dejó en una parada del tram. Lo primero que notamos al bajarnos del coche fue el intenso frío que nos entumecía las manos. Después vimos cómo comprar un billete. Hay varios tipos, según el tiempo para el que los necesites: nosotras compramos el ticket de 1 día (4,60€).



Lo siguiente fue ver el mapa y decidir a dónde iríamos primero. Llegamos al centre-ville de allí a un buen rato y nos metimos por la primera calle que encontramos y viendo lo que nos íbamos encontrando, que fue la Place Royale. Estábamos tan tiesas por el frío que apenas podíamos pensar en otra cosa que no fuera tomarnos un café caliente en una cafetería con Wi-Fi. Al fin encontramos una que nos convenció, nos tomamos un croissant y el ansiado café y empezamos a organizar la visita a la ciudad.
Primero fuimos a ver el Château des ducs. Era un castillo medieval, con  foso de agua alrededor incluido. La verdad es que era precioso. Entramos y me sorprendió ver que lo que había en el interior era un gran patio. Subimos unas escaleras y dimos toda la vuelta por fuera.

Le Château des ducs.

Le Château des ducs.

Patio interior.

Vista de la catedral desde el Château.


Después fuimos a la catedral, que estaba muy cerca. La fachada era espectacular, y las bóvedas y vidrieras eran absolutamente increíbles. Aquí os dejo las fotos para que lo veáis con vuestros propios ojos.

 
Fachada de la catedral de Nantes.

Bóveda lateral.

Vidriera (I).

Vidriera (II).


Después cogimos el tram para ir a la Île de Versailles, ya que habíamos visto que ahí había un jardín japonés. Estábamos ansiosas por ir, ya que habíamos buscado fotos en internet mientras nos tomábamos el café y wow, eran increíbles. Cuando llegamos nos quedamos impresionadas. Era ABSOLUTAMENTE FASCINANTE. He de decir que me sentí en Japón estando en plena Francia. De verdad, creo que ese jardín fue lo mejor del viaje. Solo faltaba una cosa: los cerezos en flor. Y ya si nos ponemos exigentes un shishi odoshi (he tardado un siglo para dar con el nombre, ¡no creía que fuera tan difícil! Si no sabéis lo que es pinchad aquí y esperad hasta que el vídeo acabe). De verdad que me encantó el jardín.

Jardín japonés, entrada.

Jardín japonés.

Jardín japonés.

Me he enamorado del jardín japonés.

Jardín japonés.

Aquí es donde paramos a comer. No había mejor sitio que este, era relajante y estaba apartado.


Después de esa maravilla fuimos a Les machines de l’Île, en donde se encuentra el famoso elefante de madera que se mueve. Este elefante tiene capacidad para llevar a casi 50 personas. Sí, como lo leéis; se puede montar en él (el precio varía entre 6€50 y 8€) y hace un recorrido de 30 a 45 minutos. Además tiene una sorpresita…




Luego como nos moríamos de hambre fuimos a cenar (a las 19h lol) a una pizzería supuestamente italiana (que yo creo que de italiano solo tenía el nombre). Eso sí, la pizza de 3 quesos que me comí estaba increíblemente buena *queeesoooo* *babas*.

Después de cenar dimos otra vueltecilla antes de volver al hotel. Hablando del hotel, que no lo comenté antes; sobre las tres y pico de la tarde llegamos, después de estar más de hora y media buscando cómo ir y dónde estaba. Los autobuses en Nantes son lo peor. En ese momento echamos muchísimo de menos los autobuses de Rennes, porque todos tienen una pantalla en la que ponen las paradas y por donde vas. Los de Nantes tenían simplemente un cartel con todas las paradas marcadas, pero era imposible saber por dónde ibas en cada momento, y además los conductores no sabían dónde estaba el hotel. Para llegar desde el centro de la ciudad a dónde íbamos a dormir teníamos que coger el tram e ir hasta la última parada, François Mitterand (estoy de ese nombre hasta la coronilla), y allí coger la maldita línea 93 de bus. Yo sigo aún hoy sin entender cómo funciona la línea esa, porque va solo en una dirección; no hay una parada de cada lado de la carretera, sino que las paradas solo están del lado derecho. Le llamábamos “el autobús fantasma”, porque era muy extraño y porque al final acabábamos perdidas por culpa de que los franceses son demasiado ambiguos dando indicaciones. Para llegar al hotel pasamos la Ilíada y la Odisea a la vez; la parada de bus más cercana estaba a 1,3 km de nuestro hotel. Aquí tenéis una captura de lo que tuvimos de andar. En total fuimos y volvimos dos veces del hotel. Echad cuentas…Eso son 5,2 km (más todo lo que anduvimos por el día). Estábamos completamente muertas de cansancio. 



El hotel en sí era normalito, sin nada especial. Una cama de matrimonio, un baño pequeño que nos recordó al de las habitaciones tradicionales de la residencia, una pequeña mesa con una silla y una tele. La habitación olía muy bien *___*  No me acuerdo bien del precio por noche, pero estaba sobre los 20€. El desayuno no iba incluido, así que había que pagar 4,90€ más, pero estaba bien.


Y creo que eso fue todo para el primer día de viaje. He de decir (de nuevo) que los jardines japoneses me dejaron impresionadísima y que tando verde junto impactaba. El elefante súper gracioso con el agua y los niños correteando alrededor, y la ciudad en general me encantó.
En la próxima entrada os contaré el segundo día de esta aventura: Viajes relámpago II: Bordeaux.


Espero que os haya gustado y que os hayan enamorado las fotos. ¡Hasta la próxima!